Ella era como un huracán, no dejaba nada intacto a su paso. La tormenta perfecta de su sonrisa hacía temblar los cimientos de tu existencia si tenías la suerte de cruzarte con ella. Su mirada provocaba tsunamis en el corazón cuando se acercaba a la orilla de tu vida.

No era de este planeta, tampoco de nuestra época, debió venir desde muy lejos porque nunca me encontré con nadie igual. La historia la recordará como un tifón de emociones que sobrepasa a cualquier humano.

Yo la ví pasar, no dejó nada.

 

 

 

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