Cuando cae la noche, la realidad se transforma. Las almas mutan hacia su punto de fascinación óptimo buscando todo aquello que se les escapa durante el día.

Revolotean entre los recuerdos, tratando de zafarse de aquello que las arrastra al lodo. Huyen de lo mundano para alcanzar la cumbre de sus deseos representados por los momentos donde lo idóneo y lo real coinciden. Es en la oscuridad cuando aparecen de la nada las figuras ocultas tras el muro de lo cotidiano, allí consiguen su objetivo: descansar de la decadencia impregnada de absurdo en la que viven durante el día.

Por las noches, todos los gatos son pardos, todo lo que vemos es real, se caen las máscaras, aparecen los monstruos, vuela la imaginación, y florecen las mentiras.

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