Caliope I

He muerto y resucitado tantas veces
que he perdido la cuenta,
al tercer suspiro de mi existencia me vence
la amargura del pasado.

Caliope acaria mi alma mientras me canta
una serenata que solo entienden los dioses,
no la entiendo pero me relaja y siento
el frio rojo de su alma en los labios
me derrito hasta el inframundo
en una espiral celestial de colores
tenues que rebosan esperanza.

Y vuelve Caliope a ofenderme con sus versos
recordándome que para ganar
hay que saltar al vacío infinito de nuestra mente
y enfrentarnos en una batalla a muerte,
con puños desnudos
ante el espejo de nuestra alma
contra nuestro reflejo animado
que nos odia por ser quienes somos
y nos muestra su catálogo de miedos
para regarlarme uno nuevo
pero ya no queda presupuesto
en los bolsillos de este poeta para comprar miedos,
pensaba que los tenía todos.

Han aparecido nuevos,
no me queda otra que mirarlos
saber que están ahí
e irme sin ellos.

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